Patricia May, en El Mercurio de hoy sábado, revela la importancia de vivir "estando aquí", es decir, en el presente dinámico que se actualiza a cada momento.
No es fácil olvidarse del objetivo que se persigue para actuar, pero hacerlo y concentrarse en el proceso permite que las personas podamos disfrutar de él y vivir en armonía con el devenir.
Patricia May
Sábado 31 de Mayo de 2008
Estar aquí

Una de las causas centrales del estrés es que solemos estar tan obsesionados con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, que la vida se transforma en una actividad incesante de ir haciendo una tarea tras otra, donde la idea es terminar rápido con una para comenzar la otra.
Tendemos a poner atención al objetivo final de lo que hacemos, entregar un informe, hacer el almuerzo, reparar un desperfecto, en una orientación excesiva al logro sin darle importancia a la vivencia del proceso mismo. Sin embargo, la vida ocurre en el proceso. Si observamos en qué disposición interior hacemos las cosas, nos daremos cuenta de que muchas veces estamos en un estado de ansiedad, enojo, inquietud, o dándoles vueltas a problemáticas que la mayoría de las veces creamos nosotros mismos en nuestros pensamientos, como temores al futuro, presunciones respecto de los otros, rabia porque las cosas no se dan como quisiéramos, etc. Todo esto genera estrés, malas relaciones laborales y afectivas, incluso problemas de salud.
Quizás el primer paso para parar esta dinámica viciosa de la mente es darnos cuenta de que nosotros no somos eso, que es una creación distorsionada, que en el fondo de la mente, en su estado natural, cuando la vaciamos de contenidos alterados, hay un estado de serenidad, discernimiento y claridad que nos permite observar toda nuestra aflicción interior como una jugarreta en que hemos pasado la vida dándoles vuelo a pensamientos y con ello a emociones que sólo nos traen tribulación y pesadumbre.
Darnos cuenta de que la fuente de nuestro descontento vital está en el interior de nosotros y comenzar la práctica de transmutarlo.
¿Cómo? Una práctica central es disfrutar el proceso, centrarnos en lo que estamos en el momento, hacer la cama, conversar con alguien, ir a buscar a los niños al colegio, una reunión de trabajo, una lectura, como si eso fuera todo lo que existiera, centrarnos completamente, poner lo mejor en el hacer, en la acción misma, más que en el resultado de la acción. Esto involucra vivir presentes en lo que la vida está siendo en este momento, abandonando toda anticipación, presunción, enojo, estar ahí, simplemente ahí.
El presente es todo lo que existe y al entrar profundamente en cada momento accedemos a un espacio-tiempo distinto, donde desaparece la ansiedad del reloj, del tiempo lineal y con ello la angustia que nos produce el estar siempre “contra el tiempo”. Entramos en un espacio calmo creado por nuestra propia mente donde no hay tiempo, sólo este hacer en la mejor disposición, en profunda entrega de mí, mis habilidades y talentos. Entrar ahí es entrar en un cielo sereno donde cada acto se vuelve tan sagrado que ya nos cuesta catalogar algunas cosa más importantes que otras, todo es importante, todo es sagrado.
Evidentemente esto involucra una práctica, una atención dirigida, ir conduciendo los propios estados internos, y el campo donde se realiza esta práctica es simplemente nuestra vida corriente, no necesitamos ir a vivir a las montañas o dejar nuestros compromisos, sino que, por el contrario, es en la realización de éstos con amor y sentido que podemos realizar nuestro ser en la vida.


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